miércoles, enero 31

Y seguías ahí, sentada, esperando tranquilamente su llegada. Llorando en silencio su ausencia, sufriendo sola por su amor.
No contestaba tus llamadas, no hacía caso a su buzón de voz, y menos respondía a tus mensajes. ¿Qué era todo eso? Quizá se había hartado de tu compañía. Quizá tu presencia terminó por aburrirle. Tal vez él ahora es feliz, encontró otra novia, de la cual se ha enamorado profundamente, y piensa casarse para pronto formar una familia. Quizá solamente no te quiso más a su lado.

Pasa el tiempo, y tú sigues tirada en esa cama, sufriendo por la ausencia de ese hombre, imaginándote mil historias como aquellas, con lo cual sólo consigues derramar más lágrimas.
Pasas un tiempo más encerrada en tu habitación, quizá algunas semanas, o incluso meses, cuando de pronto sientes tu puerta abrir. Luego escuchas una voz murmurando unas palabras: "No me importa si estás bien o mal, tan sólo levántate, vístete y sígueme." No es quién tú esperas.

Lentamente quitas las sábanas de tu cuerpo, buscas unos pantalones y una polera cualquiera en tu closet, te vistes y luego calzas tus zapatos. Sigues tranquilamente a esa persona, y sin darte cuenta estás frente a la puerta del departamento de tu supuesto novio. Ensanchas los ojos, caes al piso, y las lágrimas comienzan a caer.
El cuarto está completo de policías, todos revisando cada rincón del departamento. Hay miles de botellas de diversos alcoholes, una de ellas hecha pedazos. Hay también diversos envases de píldoras para dormir, algunas tiradas por doquier. También unas cuantas navajas, manchadas de sangre. Cerca se puede ver el cuerpo de una persona, con múltiples cortes en su rostro, muñecas y también su cuello.
¿Que quizá no te quería más a su lado? No, es solamente que sus sentimientos le jugaron una mala pasada.


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¿Y quién eres TÚ para decirme todo eso? ¿Crees que tienes autoridad o moral alguna?


De vuelta en santiago *

martes, enero 2

Nee, ¿Recuerdas el día en que nos conocimos? Un día como cualquiera, en que el sol brillaba como siempre, llegando su luz a nuestros rostros. No sabíamos nada de la otra persona, ni su nombre ni su edad, y ya mucho era si sabíamos que se encontraba ahí.
Pasó tiempo sin hablarnos. Minutos. Horas. Días. Meses. Y seguíamos sin saber nada acerca de esa otra persona que se encontraba ahí, a cada hora, a cada segundo. Hasta que un día me hablaste, ¿Una revista, creo?, y pasó más tiempo en que me volvieses a hablar.
A pesar de todo, formamos una linda a mistad, ¿no?. Hubo peleas, hubo risas, hubo llantos, como en tantas amistades. Pero, era diferente, no sé por qué, pero lo sentía.
Y poco a poco comenzé a quererte. No sé cuándo ni cómo, simplemente no quería aceptarlo. Simplemente lo confundía con admiración o amistad.

Nee, ¿Recuerdas la primera vez que se cruzaron nuestras miradas, el primer roze de nuestras manos, o el primer toque de nuestros labios? Pues, yo sí lo recuerdo. Recuerdo estar como una pequeña asustada por la oscuridad, temiendo el que te fueras de mi lado, y que todo fuera nada más que una simple ilusión. Un simple sueño que nunca se cumpliría.


"Solo... hay una cosa que me pesa en el corazón...
Oye, Hachi...Ahora mismo, ¿Estás sonriendo?"
Nana, capítulo 30.